Explorar alternativas —cuidados a domicilio, opciones de vida más independientes, apoyo personalizado— permite encontrar un equilibrio que respete los deseos y el ritmo de cada persona. Hablar de estas opciones con los seres queridos, preguntar cómo funcionan, mantener la actividad física y social y cultivar la curiosidad son acciones que contribuyen a una vida diaria más armoniosa. Porque, en definitiva, lo que más importa es sentir que uno sigue eligiendo su propia forma de vivir.
Me mudé a una residencia de ancianos a los 82 años, y hoy no puedo evitar arrepentirme. He aquí por qué.