En definitiva, ganar una discusión, según la mirada de Galileo Galilei, no significa imponerse, sino conservar la calma, elegir el silencio cuando corresponde y utilizar la razón con sabiduría. No cambiar la esencia por aceptación, no permitir que el ruido apague la mente y recordar que, frente a la necedad, a veces bastan un par de preguntas. La serenidad, al final, suele ser la demostración más clara de inteligencia.
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